lunes, 16 de abril de 2012

“Hay que recuperar el Guadiana, si el río funciona lo hacen sus acuíferos”


Fuente: Lanza Digital

Belén Rodríguez
CIUDAD REAL

La buena situación del acuífero 23 responsable de que se vuelvan a ver afloramientos, ojos, de agua subterránea en el cauce seco del Guadiana en los parajes de Molino de Zuacorta y El Rincón entre Daimiel y Villarrubia deberían servir para llamar a la responsabilidad. “Hay una enseñanza que debemos sacar de todo esto y es que si un río funciona también lo hacen sus acuíferos”, señala el titular de tecnologías del Medio Ambiente de la Universidad de Castilla-La Mancha, Máximo Florín, que propone dirigir la vista fuera de las Tablas y del agua subterránea y centrar todos los esfuerzos en recuperar el río, el gran olvidado en el drama de La Mancha Húmeda.
“El Guadiana como muchos otros ríos está encauzado y degradado; se ha cultivado en sus márgenes, se ha invadido el lecho y eso pese a que esta parte de la cuenca no está muy regulada por embalses”, dice.

“Ya hay mucha superficie para cultivar, si dejáramos de hacerlo en las llanuras de inundación de los ríos no perderíamos, ganaríamos”, agrega el científico.
Opinión que comparte desde Villarrubia Carlos Villanueva, biólogo y responsable de la Agencia de Desarrollo Local de un municipio que llegó a llamarse hasta mitad del siglo XIX Villarrubia de los Ojos del Guadiana, triste ironía hoy con los ojos secos desde 1984. “Hay que cambiar el modelo productivo. Castilla-La Mancha es el mayor viñedo de Europa, hay excedente de producción, no tiene sentido que se siga subvencionado el cultivo de la vid que se riega a costa de un recurso escaso”.

Pero Villanueva disculpa al agricultor, “siempre se le recrimina porque riega pero son las administraciones con sus políticas las que lo fomentan”.
Florín valora la recuperación del acuífero por los buenos años hidrológicos 2009-2010 y 2010-2011, pero aclara que los encharcamientos en el Molino de Zuacorta, a cuatro kilómetros de los Ojos históricos, o los de El Rincón, a sólo dos, no se están produciendo porque esté aflorando agua del acuífero regional, “sino por el acuífero somero del aluvial del Guadiana. Es como si fuese una especie de lengua de arena que disminuye de espesor pero poco a poco se va saturando de agua que aflora a la superficie”. “En esa zona donde ahora se ven ojos el agua del acuífero está a siete metros de profundidad y a nueve en los Ojos de Villarrubia”, agrega.

Respecto a que puedan brotar los Ojos de Villarrubia Florín recalca que “es muy difícil”, esos manantiales dependen más del acuífero más profundo y además al estar secos durante tantos años el terreno se va hundiendo y el vaso se ensancha con lo cual es más complicado que el agua aflore hasta la superficie, “lo que no quita para que si los canales de los ríos se eliminarán pudiera ser que el agua llegara remontando...”

Que no vuelvan a manar los Ojos no significa que no haya esperanza. Florín cree que no sólo las lluvias han contribuido a esta mejoría del acuífero, también lo ha hecho el Plan Especial del Alto Guadiana puesto en marcha en el año 2008 “y que sólo ha funcionado unos cuantos años, cuando era para veinticinco”, remarca, y echa en falta más continuidad en las políticas medioambientales: “En este momento de relativa abundancia hay que gestionar bien lo que tenemos”.

El profesor como viene diciendo la comunidad científica y los grupos conservacionistas en las últimas décadas pide que se trabaje a medio y largo plazo: “La policía de aguas que se ha denostado tanto tiene que tener herramientas para gestionar la situación en bonanza y sequía. Además hay que explicar las cosas muy claramente para que la sociedad participe y pongamos todos de nuestra parte. Se necesita más continuidad”.

Florín entiende que ya no es posible recuperar toda la llanura de inundación del río Cigüela porque hay incluso casas y construcciones pero sí amplios tramos, como ha dicho en otras ocasiones cree que hacerlo “es conveniente para la agricultura, los espacios naturales y la economía ahora que se ha acabado el ladrillo: hay que aprovechar los recursos naturales para el turismo”.

Acuífero somero o no, el fenómeno de los afloramientos de agua en el Guadiana que no se veían en Zuacorta desde finales de los años setenta, “parará pronto si no llueve”, indica el profesor. Los acuíferos digieren más lentamente el agua de la lluvia que se va infiltrando. Que no haya agua pese a que apenas ha llovido en todo el invierno no es más que el indicador de que cómo funcionan las cosas bajo la tierra, “el agua tarda más en circular por el sustrato”.

Lo interesante según este científico sería no detenerse ahora y destaca trabajos científicos que se hicieron hace unos años y que se han parado por la crisis como el del grupo de profesor de la Universidad Vicente Navarro sobre el régimen de explotación de las Lagunas de Ruidera que ha dado excelentes resultados prácticos “que debería continuar”.

Ojos o afloramientos de agua del subsuelo a la superficie, rebosaderos del acuífero 23, han existido siempre vinculados al río Guadiana. El Centro del Agua de Daimiel recoge hasta quince ojos con diferentes nombres conocidos por referencias bibliográficas, además de los ‘Ojos del Guadiana’ de los que en 1958 Francisco Pérez Fernández decía: “Se cuentan hasta catorce de estos manantiales, la mayor parte en Villarrubia”, (en ‘Daimiel. Geografía de un municipio manchego’), hay catorce referencias más: ojillo de Cañá Mendoza, ojo Cercano, ojo Ciego, ojo de la Canal, ojo de la Peñuela, ojo de la Señora, ojo de Estacas, ojo de Mari-López, ojo del Pico, ojo del Rincón, ojo del Sordico, ojo la Mina y ojos de la Madrecilla, estos tres últimos en el Molino de Zuacorta, donde en enero empezó a manar de nuevo el agua.

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