domingo, 11 de diciembre de 2011

Una diosa del agua en el Guadiana.

Anna es una palabra tan antigua como el hombre. Es una llamada a la madre, al agua, a la tierra... común en muchas culturas, en mitos y creencias. Anna es la que provee, la que da: Anna Purna en la India, Inanna en Mesopotamia, Danae en Grecia, Anna Perenna en Roma, Anna para los celtas, Santa Ana para los cristianos…

Hoy, en esta piedra, renace Anna, la diosa del río. Símbolo de la fertilidad de los humedales. Esperanza de los que queremos ver brotar de sus ojos el wadi-Anna, el río de Anna del que tantas gentes supieron vivir entendiendo su carácter sagrado.

Por ello, las personas que formamos parte del colectivo Salvemos las Tablas¡Ya!,

ENTENDIENDO que las tablas, los ríos de su cuenca y las aguas que están ocultas a nuestros ojos son parte de un mismo todo

CONOCIENDO que año tras año desde antes de nacer como Parque no han dejado de padecer agresiones en forma directa o indirecta

VALORANDO la falta de resultados en las costosas y estériles medidas adoptadas para su salvación que sólo han beneficiado a los ejecutores

LAMENTANDO que aún no cuenten con un plan que oriente su gestión

PADECIENDO la falta de interés en definir una reserva de la biosfera para el conjunto de la mancha húmeda que sea válida para todos y modelo de desarrollo sustentable para el resto del mundo

ASUMIENDO que las personas que vivimos aquí somos parte del problema

Y agotada la esperanza de soluciones por parte de las administraciones que rigen nuestros gobernantes, ocupados en salvar un sistema que es injusto con las personas y depredador con el medio que las sustenta

DECIDIMOS

Que queremos ser parte de la solución

Mantener las acciones encaminadas a divulgar el valor de lo que está en peligro con el objetivo de crear una conciencia colectiva de compromiso con la decisión que hemos tomado de conservarlas

Acudir apremiados a las fuerzas que rigieron en el pasado la relación del hombre con los demás seres de la naturaleza, a los seres invisibles del río, a los dueños de los peces, a los señores de la enea y el carrizo, al dios del trueno y de la lluvia y de manera peculiar a la deidad suprema del río, a Anna.

Acudir atónitos y conmovidos con la esperanza de que sean esas fuerzas, en ausencia de la voluntad de los hombres, las que salven las tablas, hagan manar de nuevo el agua de la tierra y aplaquen la infinita necedad humana.

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